Salud pública

Pronunciamiento patriótico: la salud del pueblo no puede esperar

25 de septiembre de 2026 Por Efraín Aguilar Zelaya

A los médicos, al Colegio Médico de Honduras y al pueblo hondureño. ¡Honduras no puede permanecer indiferente ante el dolor de sus enfermos!

Hoy quiero dirigirme, con respeto, pero también con profunda preocupación y firmeza, a los médicos hondureños, a las autoridades del Colegio Médico de Honduras y a todo nuestro pueblo.

Lo hago porque hay momentos en la vida de una nación en los que guardar silencio deja de ser prudencia y se convierte en indiferencia. Y este es uno de esos momentos.

En los hospitales y centros de salud públicos hay hondureños que esperan. Esperan una consulta. Esperan un diagnóstico. Esperan un medicamento. Esperan una cirugía. Esperan una respuesta. Pero, sobre todo, esperan que alguien no se olvide de ellos.

Son nuestros compatriotas más vulnerables: trabajadores que viven de su salario, madres que no pueden pagar una consulta privada, adultos mayores que dependen de los servicios públicos, niños que necesitan atención y familias que, muchas veces, no tienen otra puerta a la cual llamar.

Para ellos, la salud pública no es una opción. Es su única esperanza.

Por eso hago un llamado respetuoso, pero firme, al Presidente de la Junta Directiva del Colegio Médico de Honduras: ¡Depongamos la confrontación y abramos las puertas al diálogo!

Las diferencias pueden discutirse. Las reivindicaciones pueden defenderse. Los derechos laborales pueden reclamarse. Las posiciones gremiales pueden sostenerse. Pero hay algo que debe estar por encima de todo: la vida de los pacientes.

Ninguna diferencia institucional, gremial o política debería colocar al pueblo hondureño en medio de una confrontación.

Porque mientras los dirigentes discuten, el enfermo sigue esperando. Mientras las posiciones se endurecen, hay una madre que sufre. Mientras se intercambian argumentos, hay un adulto mayor que necesita su medicamento. Mientras las instituciones confrontan, hay un niño que necesita atención médica. Y ellos no pueden esperar indefinidamente.

A los médicos de Honduras

A ustedes quiero hablarles especialmente. Ustedes hicieron un juramento. Un juramento que coloca la vida humana, la salud y el bienestar del paciente en el centro de la profesión médica. Por eso les pregunto, con respeto:

¿No ha llegado el momento de que la voz de los propios médicos reclame diálogo?

¿No ha llegado el momento de que quienes diariamente están frente al paciente recuerden a sus dirigentes que la medicina no solamente se ejerce en los consultorios y hospitales, sino también mediante el compromiso humano con quienes sufren?

No les pido que renuncien a sus derechos. No les pido que abandonen sus legítimas demandas. No les pido que renuncien a sus principios. Les pido que no abandonen al paciente.

Que defiendan sus derechos, sí. Pero que lo hagan buscando soluciones. Que reclamen, sí. Pero que reclamen dialogando. Que sean firmes, sí. Pero que la firmeza nunca haga olvidar al ser humano que está esperando atención.

Al Presidente del Colegio Médico de Honduras

La grandeza de un dirigente no se demuestra solamente cuando mantiene una posición. También se demuestra cuando tiene la capacidad de escuchar, rectificar, negociar y encontrar puntos de coincidencia.

Rectificar no es una derrota. Dialogar no es rendirse. Buscar un acuerdo no es traicionar al gremio. Por el contrario: es demostrar responsabilidad ante la nación.

Hago, por tanto, un llamado público a que se convoque a una mesa de diálogo amplia, seria y responsable, en la que participen los representantes de los médicos, las autoridades correspondientes y, cuando sea pertinente, representantes de los pacientes y de la sociedad hondureña.

Que se pongan sobre la mesa los problemas. Que se presenten propuestas. Que se establezcan compromisos. Que se definan plazos. Y que, sobre todo, se garantice la atención de quienes hoy necesitan del sistema público de salud.

Al Gobierno y a las autoridades de salud

Este llamado tampoco excluye la responsabilidad de las autoridades. El Estado debe escuchar. Debe responder. Debe buscar soluciones. Debe atender las necesidades de los profesionales de la salud y garantizar condiciones adecuadas para que puedan ejercer dignamente su profesión.

No hay buena medicina sin médicos dignificados.

Pero tampoco puede haber una política sanitaria responsable si el paciente queda en segundo plano. Por eso, el diálogo debe ser de todos. La solución también debe ser de todos.

Honduras por encima de todos

Honduras está cansada de enfrentamientos. Cansada de divisiones. Cansada de que cada crisis termine convirtiéndose en una batalla entre sectores.

Necesitamos otra forma de resolver nuestros problemas. Necesitamos sentarnos. Necesitamos escucharnos. Necesitamos negociar. Necesitamos encontrar acuerdos.

Y, sobre todo, necesitamos recordar que Honduras es mucho más grande que cualquier institución, cualquier gremio o cualquier dirigente.

Porque cuando un hondureño enferma, no enferma su partido. No enferma su gremio. No enferma su ideología. Enferma una persona.

Y esa persona merece atención. Merece respeto. Merece dignidad. Merece esperanza.

Mi llamado final

Por eso, desde lo más profundo de mi conciencia ciudadana, hago este llamado:

  • Al Colegio Médico de Honduras: diálogo.
  • A los médicos: solidaridad con el paciente.
  • Al Gobierno: responsabilidad y soluciones.
  • A las autoridades de salud: capacidad de respuesta.
  • Al pueblo hondureño: unidad y serenidad.

Y a todos: ¡No convirtamos al paciente en rehén de nuestras diferencias!

Que nadie tenga que preguntarse mañana si pudo haberse evitado el sufrimiento de una persona. Que nadie tenga que cargar con el peso moral de haber podido dialogar y no haberlo hecho.

Todavía estamos a tiempo. Todavía podemos sentarnos. Todavía podemos escucharnos. Todavía podemos encontrar una salida.

Porque mientras haya voluntad de diálogo, hay esperanza. Y mientras haya un paciente esperando atención, tenemos una responsabilidad que cumplir.

Honduras nos está mirando. Los enfermos nos están esperando. Las familias nos están pidiendo respuestas. Y la historia juzgará nuestra capacidad de poner el interés nacional por encima de nuestras diferencias.

Que el Juramento Hipocrático vuelva a escucharse no solamente en las aulas de medicina, sino también en cada decisión que afecte la vida de un paciente. Que la medicina vuelva a ser, ante todo, servicio. Que el diálogo venza a la confrontación. Que la solidaridad venza a la indiferencia.

Y que todos podamos decir, con orgullo:

¡Primero la vida! ¡Primero la salud! ¡Primero Honduras!

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