Migración y diáspora

Nuestros migrantes sostienen a Honduras; ahora Honduras debe responderles

26 de julio de 2026 Por Efraín Aguilar Zelaya

Existe una verdad que ningún gobierno, ningún partido político y ningún funcionario público puede desconocer: si hoy la economía hondureña mantiene estabilidad, en medio de tantas dificultades, es gracias al sacrificio de cientos de miles de compatriotas, que trabajan honradamente en Estados Unidos, España, Canadá, México y otras naciones del mundo. Ellos son los héroes silenciosos de Honduras.

Mientras muchos duermen, nuestros migrantes trabajan en la agricultura, la construcción, la industria, el transporte, los hoteles, los restaurantes, los hospitales, en otras actividades que casi a ninguna persona desea realizar y cientos de actividades más. Con el sudor de su frente envían recursos que alimentan a sus familias, pagan la educación de sus hijos, construyen viviendas, compran sus terrenos en Honduras, impulsan pequeños negocios y mantienen vivo el comercio, en prácticamente todos los municipios del país.

Las remesas no constituyen una simple estadística económica. Son el reflejo del patriotismo de hondureños que, aun viviendo lejos de su tierra, jamás olvidan sus raíces ni abandonan a sus familias. Cada dólar enviado representa horas de esfuerzo, sacrificios personales y, muchas veces, la dolorosa separación de padres, madres e hijos.

Sin embargo, resulta contradictorio que, quienes tanto aportan reciban, en muchas ocasiones, servicios consulares deficientes, lentos, burocráticos y tratados con total descortesía, cuando tal vez han viajado de otras ciudades, en donde no hay consulados hondureños. El Estado hondureño tiene una deuda histórica con su diáspora.

Transformar la política nacional de atención al migrante

Ha llegado el momento de transformar por completo la política nacional de atención al migrante. Los consulados de Honduras deben dejar de ser simples oficinas administrativas, para convertirse en verdaderos centros de protección integral del ciudadano hondureño. Deben brindar asistencia jurídica, orientación laboral, apoyo humanitario, servicios digitales modernos, defensa de los derechos de nuestros compatriotas y atención eficiente las veinticuatro horas cuando existan situaciones de emergencia.

Pero también debemos prepararnos para recibir con dignidad a quienes regresan deportados.

Cada hondureño que vuelve al país merece respeto, oportunidades y esperanza. No puede seguir siendo recibido únicamente con trámites migratorios, para luego quedar abandonado frente al desempleo y la incertidumbre.

Un Sistema Nacional de Reintegración del Migrante Retornado

El Gobierno de la República debe crear, con carácter permanente, un Sistema Nacional de Reintegración del Migrante Retornado, articulando el trabajo de las secretarías de Estado, las municipalidades, las universidades, la empresa privada y las instituciones financieras para ofrecer capacitación, empleo, créditos productivos, apoyo psicológico y acompañamiento empresarial.

Paralelamente, el Congreso Nacional debe asumir un compromiso histórico, mediante la aprobación de una Ley Integral de Protección al Hondureño Migrante, que garantice derechos, fortalezca la red consular, proteja a las familias migrantes, facilite inversiones desde el exterior y promueva incentivos para convertir parte de las remesas en proyectos productivos, que generen empleo y desarrollo en las comunidades de origen.

Asimismo, es indispensable crear un Consejo Nacional de Vinculación con la Diáspora Hondureña, integrado por representantes del Gobierno, la empresa privada, las organizaciones de migrantes y la academia, con el propósito de formular políticas públicas permanentes que trasciendan los períodos gubernamentales.

Profesionalizar el servicio consular

Otra prioridad debe ser la profesionalización del servicio consular. Los consulados no pueden continuar siendo espacios de nombramientos políticos. Honduras necesita diplomáticos y funcionarios seleccionados por mérito, capacidad, experiencia y vocación de servicio, porque nuestros compatriotas merecen ser atendidos por servidores públicos de excelencia.

Igualmente, el sistema financiero nacional debe ofrecer programas especiales para los hondureños residentes en el exterior: créditos hipotecarios, fondos de inversión, ahorro para el retiro y mecanismos seguros para financiar proyectos empresariales, en sus comunidades de origen. Cada remesa puede convertirse en una empresa, una finca, un proyecto turístico o una nueva fuente de empleo si el Estado genera las condiciones adecuadas.

Que la migración vuelva a ser una opción, no una obligación

Pero existe un desafío aún mayor. Honduras debe construir las condiciones para que, la migración deje de ser una obligación y vuelva a ser una opción. Ningún joven debería verse obligado a abandonar su patria por falta de empleo, inseguridad o ausencia de oportunidades. La verdadera política migratoria comienza creando desarrollo, inversión, seguridad jurídica, educación de calidad y empleo digno, dentro del territorio nacional.

Nuestros migrantes no piden privilegios. Exigen respeto. Exigen eficiencia. Exigen que el país al que continúan sosteniendo con su trabajo, también les tienda la mano cuando más lo necesitan.

La historia reconocerá que, en los momentos más difíciles, fueron los hondureños en el exterior, quienes evitaron el colapso económico de miles de familias. Esa lección no puede olvidarse.

Ha llegado la hora de que Honduras responda con hechos y no únicamente con discursos. Honrar a nuestros migrantes significa protegerlos, atenderlos con dignidad, defender sus derechos y ofrecer nuevas oportunidades a quienes regresan.

Porque una nación verdaderamente agradecida, no abandona a sus hijos cuando cruzan sus fronteras. Los acompaña, los protege y los recibe siempre con la dignidad que merecen.

Ese debe ser el compromiso del Estado hondureño con quienes, desde cualquier rincón del mundo, siguen llevando a Honduras en el corazón y sosteniendo, con su esfuerzo cotidiano, el presente y el futuro de la República.

¿Será mucho pedir?

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