Energía y soberanía

¿Hay petróleo en Honduras?

15 de septiembre de 2026 Por Efraín Aguilar Zelaya

Hay preguntas que un país no puede seguir aplazando indefinidamente. Una de ellas es sencilla de formular, pero de enormes consecuencias económicas, estratégicas y sociales:

¿Hay petróleo en Honduras?

La respuesta responsable no puede ser un sí ni un no, mientras no exista una exploración moderna, sistemática y técnicamente concluyente. Lo que sí sabemos es que Honduras posee estructuras geológicas que justifican investigar seriamente su potencial de hidrocarburos, particularmente en el Caribe. Estudios geológicos estadounidenses han señalado históricamente el potencial de determinadas áreas hondureñas, aunque las perforaciones realizadas en el pasado no demostraron un yacimiento comercial.

Por tanto, el verdadero problema no es afirmar que Honduras tiene petróleo. El verdadero problema es que Honduras debe saber, mediante ciencia y tecnología del siglo XXI, si lo tiene, dónde está, en qué cantidad, con qué calidad y si su explotación sería económicamente viable y ambientalmente responsable.

No se trata de buscar petróleo a ciegas

Durante décadas se han realizado trabajos de exploración de hidrocarburos en Honduras, tanto en tierra firme como en el Caribe. Sin embargo, los resultados históricos no han permitido establecer la existencia de reservas comerciales.

Eso no significa que la pregunta esté cerrada. La geología no puede analizarse únicamente con información de hace varias décadas. Hoy existen tecnologías de interpretación sísmica, modelamiento geológico, sensores remotos, inteligencia artificial, análisis de cuencas sedimentarias y herramientas de evaluación de sistemas petroleros que permiten reducir considerablemente la incertidumbre exploratoria.

Además, la evaluación publicada por el U.S. Geological Survey en 2026 estima importantes recursos convencionales de petróleo y gas aún no descubiertos en diversas provincias geológicas de América del Sur y el Caribe. Esto no significa que esas cantidades correspondan a Honduras, pero sí demuestra que la región continúa teniendo interés, desde la perspectiva de la exploración de hidrocarburos.

Por eso, Honduras necesita dejar atrás las especulaciones y entrar en la etapa de la investigación científica rigurosa.

Existe en Honduras una Ley de Hidrocarburos, Decreto 194-84, que regula la investigación, exploración, explotación, transformación, refinación, transporte, comercialización y almacenamiento de hidrocarburos. La legislación establece, además, que los yacimientos de petróleo, gas natural y otros hidrocarburos pertenecen directamente al Estado.

Es decir, el país no parte de cero. Sin embargo, han transcurrido más de cuatro décadas desde aquella legislación. Honduras necesita preguntarse si su marco jurídico responde adecuadamente a las condiciones tecnológicas, económicas, ambientales y geopolíticas del siglo XXI.

La propuesta debería ser mucho más ambiciosa: una nueva política nacional de exploración y aprovechamiento responsable de los hidrocarburos. Y, si fuese necesario, una nueva ley que modernice integralmente el régimen existente.

Una licitación internacional, pero bajo condiciones hondureñas

El Estado deberá convocar a una Licitación Internacional de carácter transparente y competitivo, dirigido exclusivamente a empresas y consorcios petroleros que puedan demostrar:

  • capacidad financiera;
  • experiencia comprobada en exploración;
  • capacidad tecnológica;
  • antecedentes internacionales;
  • solvencia ambiental;
  • experiencia en operaciones costa afuera;
  • capacidad para perforación exploratoria;
  • transparencia corporativa;
  • cumplimiento tributario;
  • seguros y garantías suficientes;
  • compromiso de inversión;
  • capacidad para transferir tecnología a Honduras.

No se trataría de entregar nuestros recursos al primero que llegue. Se trataría de poner a competir a los mejores del mundo para descubrir lo que Honduras posee en su subsuelo.

La licitación tendría que establecer bloques de exploración claramente delimitados, obligaciones mínimas de inversión, cronogramas obligatorios, metas de exploración, mecanismos de fiscalización y causales de terminación cuando una empresa no cumpla.

Y algo fundamental: el Estado no debe pagar por la especulación de las empresas. Quien obtenga un bloque debe asumir una parte sustancial del riesgo exploratorio.

Una empresa petrolera estatal hondureña

Aquí aparece una segunda propuesta que considero fundamental. Honduras deberá crear una empresa estatal de hidrocarburos, con patrimonio propio, gobierno corporativo profesional y estrictas normas de transparencia. Y el Estado deberá mantener como mínimo el 55 % del conjunto accionario.

El 45 % restante podría estructurarse mediante participación de inversionistas estratégicos, socios tecnológicos y capital privado especializado, dependiendo del modelo jurídico y económico finalmente aprobado.

La finalidad no será crear otra institución burocrática más. Todo lo contrario. Deberá ser una empresa moderna, profesional y técnicamente independiente, sometida a estándares internacionales de gobierno corporativo.

El Estado tendrá así la mayoría accionaria y, por consiguiente, el control estratégico. Pero la administración debería quedar en manos de profesionales seleccionados por mérito, experiencia y capacidad, no por filiación política.

¿Y qué deben hacer los profesionales hondureños?

Aquí existe una oportunidad histórica. Honduras necesita formar y contratar geólogos, geofísicos, ingenieros petroleros, especialistas ambientales, economistas energéticos, abogados especializados en hidrocarburos, especialistas en contratos, expertos financieros y profesionales en administración de proyectos.

No podemos depender eternamente de expertos extranjeros para conocer nuestro propio territorio.

Los especialistas internacionales pueden aportar tecnología, experiencia y conocimiento acumulado. Pero los hondureños deben participar en la investigación, interpretación y toma de decisiones. Debe establecerse, además, un programa nacional de transferencia de conocimiento.

Cada empresa extranjera que participe en la exploración debería tener obligaciones concretas de: capacitación + transferencia tecnológica + contratación de profesionales hondureños + investigación nacional.

Así, aunque eventualmente no apareciera petróleo comercial, Honduras habría ganado conocimiento geológico, capacidades profesionales y tecnología.

Primero investigar; después perforar

La exploración deberá desarrollarse en etapas.

Primera etapa: recopilación de información. Reunir y digitalizar todos los estudios geológicos, geofísicos, sísmicos y perforaciones realizadas anteriormente.

Segunda etapa: actualización geológica. Elaborar un nuevo mapa nacional de potencial hidrocarburífero, incorporando tierra firme, plataforma continental y áreas marítimas bajo jurisdicción hondureña.

Tercera etapa: estudios sísmicos. Realizar campañas modernas de sísmica 2D y 3D en las áreas consideradas prioritarias.

Cuarta etapa: interpretación científica. Determinar cuáles estructuras presentan condiciones favorables para contener sistemas petroleros: roca generadora, migración, reservorio, sello y trampa.

Quinta etapa: perforación exploratoria. Solamente después de identificar objetivos técnicamente justificados, deberán realizarse los pozos exploratorios.

Sexta etapa: evaluación económica. Si se descubre hidrocarburo, habría que determinar: ¿Cuánto existe? ¿Qué calidad tiene? ¿Cuánto cuesta extraerlo? ¿Qué precio tendría? ¿Qué impacto ambiental produciría? ¿Es comercialmente viable? Solo entonces se deberá hablar de explotación.

El Caribe hondureño merece especial atención

Los antecedentes geológicos disponibles han identificado al Caribe hondureño, como una zona que merece especial consideración. Un estudio del USGS señaló históricamente áreas potenciales frente a la costa caribeña hondureña y la región conocida como Nicaragua Rise, aunque las perforaciones de aquella época no permitieron confirmar un descubrimiento comercial. Esto es precisamente lo que debería motivarnos.

No tenemos una certeza de petróleo; tenemos una pregunta geológica que todavía merece una respuesta científica moderna. Y esa respuesta no debe depender de rumores, intereses políticos ni afirmaciones sin fundamento. Debe surgir de los datos.

Soberanía sí; aislamiento no

Algunos podrían interpretar una política petrolera nacional, como una posición contra la inversión extranjera. Sería un error. Honduras necesita inversión extranjera, pero debe negociar desde una posición de soberanía, conocimiento y transparencia.

El capital extranjero puede aportar:

  • tecnología;
  • maquinaria;
  • experiencia;
  • financiamiento;
  • conocimiento operativo;
  • capacidad de perforación;
  • acceso a mercados internacionales.

Pero el recurso pertenece al Estado hondureño. La legislación vigente ya establece esa premisa fundamental, al reconocer el dominio estatal sobre los yacimientos de hidrocarburos. La fórmula deberá ser sencilla: capital extranjero + conocimiento internacional + talento hondureño + control estatal + transparencia absoluta.

¿Y si encontramos petróleo?

Aquí comienza la verdadera responsabilidad. Encontrar petróleo no debe convertirse en una licencia para gastar irresponsablemente. Los ingresos derivados de eventuales hidrocarburos deberán tener un destino estratégico.

Propongo crear un Fondo Soberano Hondureño de Desarrollo, administrado bajo reglas estrictas, con participación institucional y mecanismos de auditoría pública.

Los recursos podrían destinarse prioritariamente a: educación, salud, infraestructura, agua potable, energía, tecnología, carreteras, desarrollo rural, protección ambiental y reducción de deuda pública.

El petróleo debería convertirse en capital para construir el futuro, no en dinero para financiar el gasto corriente de los gobiernos de turno.

Y si no encontramos petróleo, también habremos ganado

Esta es quizás la consideración más importante. El proyecto no debe plantearse como: «Vamos a buscar petróleo porque seguramente lo tenemos.» Debe plantearse así: «Vamos a investigar científicamente nuestro subsuelo, porque Honduras tiene derecho a conocer sus recursos naturales.»

Si la investigación demuestra que no existen reservas comerciales, habremos obtenido una respuesta definitiva y habremos desarrollado conocimiento. Pero si encontramos gas o petróleo comercialmente explotable, Honduras habrá abierto una nueva página de su historia económica.

En ambos escenarios, la investigación habrá valido la pena.

Honduras necesita una política energética de Estado

Este proyecto no debe pertenecer a un partido político. No deberá ser patrimonio de un gobierno. No deberá depender de una elección.

Debe convertirse en una política de Estado para los próximos 20 o 30 años. El Congreso Nacional tendrá que discutir una legislación moderna, establecer reglas claras y blindar los procesos de contratación contra la corrupción y el tráfico de influencias.

La empresa estatal tendría que operar con gobierno corporativo profesional. Los contratos deberán ser públicos. Los resultados de la exploración deberán someterse a auditorías independientes. Y la ciudadanía deberá tener acceso a la información fundamental del proyecto.

La experiencia internacional demuestra que los recursos naturales pueden convertirse en una bendición o en una maldición. La diferencia está en las instituciones.

La pregunta que debemos hacernos

Después de décadas de incertidumbre, Honduras deberá formularse una pregunta diferente. No: ¿Tenemos petróleo? Sino: ¿Estamos dispuestos a hacer todo lo científica, técnica, económica y jurídicamente necesario, para saber si tenemos petróleo?

Porque un país que desconoce sus recursos naturales tiene limitada su capacidad para planificar su futuro.

Honduras no puede seguir dependiendo indefinidamente de la importación de combustibles sin haber realizado un esfuerzo nacional de exploración, acorde con las tecnologías disponibles actualmente. El momento exige decisión.

Que se estudie. Que se explore. Que se investigue. Que se compita internacionalmente. Que se contrate a los mejores. Que participen los hondureños. Que el Estado conserve el control. Que se proteja el medio ambiente. Y que cada centavo que eventualmente genere el subsuelo hondureño sea utilizado para transformar la vida de los hondureños.

Tal vez debajo de nuestras tierras y mares no exista una sola gota de petróleo comercialmente aprovechable. Pero, también, es posible que exista una riqueza que todavía no conocemos.

Honduras tiene derecho a saberlo. Y esa respuesta no debe venir de la especulación. Debe venir de la ciencia.


Si existen personas naturales y/o instituciones nacionales e internacionales interesadas sobre el tema, cuento con otros elementos complementarios importantes y pueden comunicarse conmigo al 504.9767-2541.

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